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Río de Janeiro, 30 sep (EFE).- Los brasileños acuden a las urnas el próximo domingo 4 de octubre divididos entre los modelos económicos opuestos propuestos por los dos candidatos favoritos: el desarrollismo defendido por el presidente progresista Luiz Inácio Lula da Silva y el liberalismo propagado por el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro.
Pese a defender metas comunes como la estabilidad fiscal, la inflación bajo control y un mayor crecimiento económico, ambos difieren principalmente en el papel que tiene el Estado para alcanzar estos objetivos, según analistas consultados por EFE.
Al Estado interventor defendido por el progresista, se contrapone el Estado mínimo del ultraderechista, que en los sondeos está en empate técnico con Lula en un eventual balotaje.
"Lula, con sus propuestas y políticas, se ha mostrado más intervencionista y desarrollista, ya que defiende la idea de que el Estado tiene un papel importante y estratégico en el desempeño de la economía; la idea de que el Estado puede acelerar el crecimiento e impulsar la demanda", explicó el economista Mauro Rochlin, profesor de la Fundación Getúlio Vargas (FGV).
La propuesta de Bolsonaro, en cambio, defiende una menor intervención del Estado y una mayor desregulación del mercado para que las empresas operen con más libertad, agregó Rochlin.
El hijo mayor el expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022) presentó un programa de Gobierno centrado en la reducción del tamaño del Estado, el equilibrio de las cuentas públicas, la reducción de impuestos y una mayor participación privada.
Ajuste fiscal
Pese al elevado déficit nominal de Brasil, que en julio era equivalente al 9,34 % del PIB y a una deuda pública creciente y que ya llega al 82,5 % del PIB, Lula propone mantener el actual marco fiscal y combinarlo con un aumento de las inversiones públicas en infraestructura, industria y otros sectores considerados estratégicos.
El Estado seguiría utilizando empresas públicas, bancos estatales, compras gubernamentales y crédito dirigido para estimular determinadas actividades.
Bolsonaro, en cambio, plantea un "tijeretazo" al aparato estatal con la eliminación de al menos diez ministerios, menos cargos de confianza y menores gastos administrativos.
También propone retomar el Programa Nacional de Privatizaciones y ampliar las concesiones cuando considere que la presencia directa del Estado dejó de ser necesaria.
El programa del liberal, que se dice admirador del presidente argentino, Javier Milei, contempla superávits primarios (antes del pago de los intereses de la deuda), control de los gastos discrecionales y una reducción de la estructura administrativa.
Según los economistas, el desajuste fiscal y una inflación que este año puede volver a superar la meta del 4,5 % son los factores que impiden al Banco Central reducir con más fuerza las tasas de intereses que están en el 13,75 % anual.
Incentivos al crecimiento
Para incentivar una economía en desaceleración, que debe crecer un 2,0 % este año según las últimas previsiones, Lula propone una nueva etapa de su programa de inversiones en infraestructura que combina recursos presupuestarios, empresas estatales, financiación pública y capital privado.
Bolsonaro apuesta por las concesiones, las asociaciones público-privadas y el capital privado.
En la política industrial también existe una diferencia conceptual. Lula pretende profundizar un programa de incentivo a los industriales mediante crédito dirigido, compras públicas, contenido local e incentivos a sectores considerados estratégicos.
En cambio, Bolsonaro aboga por reducir los costes de producción, aumentar la competencia, mejorar la seguridad jurídica y ampliar la apertura comercial.
En energía, Lula reserva al gigante estatal Petrobras un papel estratégico en exploración, refino, transición energética e inversiones, mientras Bolsonaro propone ampliar la participación privada en la explotación de petróleo y gas.
La divergencia alcanza también al mercado laboral, que se mantiene resiliente pese a la desaceleración económica, con la tasa de desempleo en el 5,3 % en julio, en valores mínimos en los últimos 15 años, y un número récord de 103,3 millones de personas con empleo.
Lula propone mantener la política de valorización real del salario mínimo y defiende reducir progresivamente la jornada laboral hasta las 40 horas de trabajo por semana sin reducción salarial.
Bolsonaro, por su parte, plantea mayor flexibilidad en las relaciones laborales y nuevas modalidades de contratación para determinados colectivos.
Carlos A. Moreno
(c) Agencia EFE