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T-MEC o BRICS: México no tiene que elegir

2026-09-27 13:06:29 - MUNDO

Este mes, en Nueva Delhi, Xi Jinping, Narendra Modi y Vladimir Putin posaron tomados de la mano. Dos meses antes, Washington se negó a extender el T-MEC por otros 16 años y lo dejó sujeto a revisiones anuales. México debería leer ambas escenas juntas. Una muestra un mundo que busca nuevos centros de poder; la otra recuerda quién todavía puede detener camiones, inversiones y empleos al norte del Río Bravo.

El T-MEC y los BRICS no son alternativas equivalentes. El primero organiza cadenas productivas que cruzan la frontera todos los días. Más de 81% de las exportaciones mexicanas termina en Estados Unidos. Los BRICS, en cambio, son un foro político y económico, sin tratado comercial común y con intereses que a menudo chocan. México no puede mudarse de una geografía a otra. Sí puede evitar que su geografía decida toda su política exterior.

En 2024 advertí que la ampliación de los BRICS podía dar mayor voz a países relegados, pero también diluir las decisiones del grupo y ampliar la influencia china. La cumbre de Nueva Delhi este año confirmó ambas tendencias. India consiguió una declaración conjunta pese a las diferencias entre Irán y Emiratos Árabes Unidos. China, mientras tanto, marcó buena parte de la agenda económica y propuso una zona BRICS de inteligencia artificial de código abierto.

La moneda común puede esperar. El bloque trabaja ahora en algo menos vistoso y bastante más útil: pagos transfronterizos más rápidos y operaciones en monedas nacionales. También busca ampliar el financiamiento del Nuevo Banco de Desarrollo. Son avances modestos, pero concretos. BRICS empieza a colocar tuberías debajo de su discurso sobre un mundo multipolar.

Para México, la oportunidad no está en solicitar una membresía. Está en usar esas nuevas conexiones para ampliar mercados, financiamiento y conocimiento. Dicho sin diplomacia: diversificar no es importar más productos chinos. Es conseguir que empresas mexicanas vendan en India o Brasil y que la cooperación extranjera deje laboratorios, infraestructura y personal capacitado en el país.

El reciente acuerdo científico entre México y China será una prueba. Ambos gobiernos acordaron colaborar en inteligencia artificial, supercómputo, robótica, electromovilidad y formación de investigadores. La coincidencia con la agenda tecnológica de BRICS difícilmente pasará inadvertida en Washington, que ya exige reglas de origen más estrictas para impedir que China utilice a México como puerta trasera al mercado estadounidense.

Como sostuve al analizar la posición latinoamericana frente a los gigantes de la inteligencia artificial, la ciencia puede cruzar fronteras que la geopolítica levanta. Pero el valor de esa cooperación dependerá de lo que quede de este lado. Me refiero a los investigadores mexicanos con acceso al cómputo, propiedad intelectual compartida, protección de datos y libertad para trabajar con más de un proveedor. Ensamblar servidores mientras otros controlan los chips, los modelos y la nube no es soberanía tecnológica.

México debe conservar al T-MEC como centro de su estrategia económica. También necesita relaciones más densas con Brasil, India, China y otras economías emergentes. Esa combinación exige reglas claras en sectores sensibles y cooperación abierta en investigación civil. La autonomía no consiste en mantener la misma distancia entre Washington y Pekín. Consiste en tener más de una puerta y conservar las llaves.

*Las opiniones expresadas en este artículo son atribuibles únicamente al autor. José Antonio Reyes-González es doctor en Ciencias Políticas por University College London (UCL). Ha trabajado como analista de políticas públicas e investigador en organismos multilaterales como el PNUD, la OCDE y el Banco Interamericano de Desarrollo. Es miembro asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) desde 2023.

Fuente: google.com