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Ciudad de México, 22 sep (EFE).– Compartir su ubicación, aprender a desplazarse solas y avisar constantemente de que están a salvo se ha convertido en parte de la rutina durante el intercambio académico de las estudiantes extranjeras en México, según relataron a EFE varias alumnas de regreso a España, una experiencia que adquiere otra dimensión tras el feminicidio de la joven Claudia Tacoronte, de 21 años.
El asesinato el pasado 12 de septiembre de la estudiante universitaria en la localidad de Cuautla, Morelos (centro), reavivó la alerta sobre la violencia de género en un país donde se registran cinco mujeres desaparecidas al día y miles de agresiones machistas al año, una realidad cotidiana frente a la cual las jóvenes que llegan del exterior deben adaptar sus hábitos de movilidad y convivencia.
Para transitar por el espacio público, las alumnas integran rápidamente dinámicas de autocuidado que van desde evitar zonas catalogadas como peligrosas hasta utilizar las secciones exclusivas para mujeres en los transportes colectivos.
"Intuía poco a poco en qué me tenía que adaptar, por ejemplo, anochecía más pronto que en España y ahí se acababa la vida en la calle, así que yo también empecé a recogerme a esa hora", explicó a EFE Isabel, una joven española que realizó sus prácticas en la capital mexicana, en una conversación telefónica tras regresar a España.
"Estuve a punto de no ir por miedo"
Frente al temor latente ante la violencia que vive México y la desconfianza hacia el entorno, la decisión de realizar un intercambio académico en el país suele estar precedida por intensas dudas familiares y advertencias constantes sobre los riesgos de la estancia.
"Estuve a punto de no ir por miedo, mi familia, amigos, nadie me apoyaba", relató a EFE Marina, estudiante española de turismo que cursó seis meses de su último año de estudios en Cancún, en el Caribe mexicano.
Esta constante vigilancia sobre el entorno altera la percepción directa de las calles y refuerza la necesidad de contar con contactos locales de confianza para prevenir situaciones de riesgo.
"Algo que afectó a mi percepción de la ciudad y el entorno, es que todo el mundo se despide diciéndote 'ten cuidado, ve con cuidado!'", remarcó Isabel sobre la sensación de alerta permanente que transmite la propia sociedad mexicana a los extranjeros.
En este contexto de vulnerabilidad, la falta de protocolos e información preventiva por parte de los centros de enseñanza europeos expone a las alumnas a enfrentarse al entorno sin una orientación oficial previa sobre la seguridad en el destino.
"Por parte de mi universidad no recibí nada de información sobre el destino, no nos ayudaron ni informaron con nada", señaló Marina sobre las deficiencias institucionales de origen, contrastando con la buena acogida local que les ayudó en los primeros traslados.
El trágico desenlace de Tacoronte deja además un poso de consternación en quienes compartieron la experiencia del intercambio en fechas recientes y reconocen la similitud de los riesgos asumidos durante sus estancias.
"Ha sido una sensación muy amarga saber que le ha ocurrido esto a una chica de tu edad, en un contexto y condiciones similares a en los que tú has estado viviendo varios meses", confesó Isabel al rememorar el impacto de la noticia tras retornar a España.
De vuelta en sus hogares, la tranquilidad del regreso no borra del todo la inquietud en su entorno, que observa la tragedia ocurrida en territorio mexicano como un peligro del que se libraron por poco.
"Ahora mismo se alegran de que yo ya haya estado allí y haya vuelto bien pero me repiten que podría haber sido yo", concluyó Marina.
Tacoronte, estudiante canaria, sufrió un ataque mortal con arma blanca en Cuautla, 120 kilómetros al sur de Ciudad de México. La joven ingresó a México a mediados de agosto para cursar un intercambio académico entre la Universidad de Granada y la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM).
(c) Agencia EFE